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Antecedentes históricos

La Fiesta de Vendimia en Toro, surge de la necesidad de canalizar una serie de actuaciones y celebraciones que durante décadas y de forma espontánea se sucedían año tras año, haciéndolo coincidir con la época de recolección de la uva.

Los vinos de Toro, cuentan con una gran tradición. Sus orígenes son anteriores al asentamiento de los romanos. Son numerosos los documentos que a lo largo de estos años ordenan, regulan y reconocen el cultivo de la vid y su importancia económica en la ciudad.

Durante la Edad Media fue muy apreciado. Se le concedieron privilegios reales que permitían su comercialización en ciudades, como Sevilla, donde la venta de otros vinos foráneos a excepción de los de Toro, estaba expresamente prohibida por el rey.

La explotación del famoso viñedo, actuó como agente dinamizador de la artesanía y el comercio, y del auge constructivo que la ciudad tuvo a partir  del siglo XIII. Es sobre todo la década de 1530 y hasta 1570, la que más huellas de edificaciones notables dejó, cimentada por la riqueza que aportaron los nuevos mercados que conquistó el vino, y del incremento de precio como consecuencia de la colonización del continente americano.

El vino de Toro viajó al nuevo mundo, bautizando su descubrimiento, debido a características que le hacían indomable en los viajes largos. Incluso se dice que el nombre de una de las carabelas “la Pinta”, debe su origen al término usado por los toresanos como medida de capacidad, y como expresión coloquial que aún se utiliza para animar a consumir un vaso de vino: “echar una pinta”

Demuestran también la gran demanda que había de los famosos tintos en el Norte de la península, especialmente entre los peregrinos que acudían a Santiago de Compostela, hasta el punto de que el rey leonés Alfonso IX tuvo que ceder tierras de Toro a la catedral compostelana para la producción de los preciados vinos.

Continuas referencias sobre los vinos de Toro, encontramos en la literatura. Autores tan ilustres como ARCIPRESTE DE HITA, quien en su libro del Buen Amor se deja aconsejar por Trotaconventos de esta guisa. “Y aún otra cosa os diré de cuanto allí aprendí/ donde hay vino de Toro, no beben de baladí/".
Lo mismo ocurre con el gran poeta LUIS DE GÓNGORA "... porque es siempre este color/ el antídoto mejor/ contra la melancolía: yo por alegrar la mía/ un rubí desaté en oro. / El rubí me lo dio Toro/..."
Otro de los grandes autores clásicos, FRANCISCO DE QUEVEDO, en ocasiones distintas cita los vinos de Toro, de los que sin duda sería un buen catador.
En definitiva muchos son los testimonios que reflejan el valor y calidad de estos vinos y no sólo en lengua castellana. A partir del siglo XIX los escritores extranjeros que visitaban España citaban los vinos toresanos entre los mejores, e incluso logran sus primeras medallas en exposiciones nacionales.

Alain Huetz de Lemps, en su obra “Vignobles et vins d`Espagne, recuerda las elogiosas palabras que tuvo Vayrac para Toro, un lugar que tenía la suerte de poseer a la vez “buen vino y las mujeres más bellas de España”.
Jauvin, Vayrac, Laborde o Twiss, entre otros,  lo describen como el rey de los vinos: “Un vino muy tinto, un poquito dulce y muy suave”.

Un efecto del vino son las innumerables bodegas que horadan el subsuelo del casco antiguo, mostrándonos en sus fachadas los respiraderos y zarceras.

El siglo XIX la filoxera arruinó los viñedos. Esta plaga, unida a otros factores, desencadenó la decadencia de la ciudad.

En los años 70 del s. XX, se dan los primeros pasos y en  1983 se reconoce con carácter provisional la Denominación “Específica” Toro, para los vinos de esta Comarca. Habrá que esperar al año 1987, cuando fruto del esfuerzo común, por orden de 29 de mayo, se reconoce la DENOMINACIÓN DE ORIGEN, con la que se abren nuevas perspectivas para el vino, la ciudad y sus habitantes.

En la actualidad el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Toro, avala la calidad de una cincuentena de bodegas. El compromiso con la calidad conlleva el cumplimiento de una rigurosa normativa vigente que dicta el Reglamento por el que se rige la Denominación de Origen. Normativas que van desde la implantación del viñedo y sus prácticas, hasta la comercialización del producto embotellado, detallándose en cada caso las normas de calificación del producto amparado garantizando así, la calidad de los vinos.

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Toro, autoriza la elaboración de vinos blancos, rosados y tintos, estos últimos con la mención de “jóvenes”, “crianzas”, “reservas” y “grandes reservas”

La evolución que los vinos han experimentado en las últimas décadas, es imparable. Su reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional le hace merecedor de uno de los primeros lugares del mundo.